El otoño es el dolor besado por la naturaleza.
Todo cae bajo la penumbra divina de la melancolía, que borra
los colores fantásticos, para preparar la entrada del inmenso gris. El otoño
es una meditación musical de las cosas.
Siempre que paséis por las sendas otoñales, observar la dignidad con que
mueren las plantas, los árboles.
Del verde umbroso asomó su tristeza el amarillo, del cielo añil fuerte se destacaron los ramos de
nubes, madres de las brumas
maravillosas, y las aguas, son corazones del color crepuscular.
En definitiva, canto
doloroso en la música del año, lujuria desenfrenada del verano por sus noches
pasionales, sus días perversos de
colores y sonidos se cambia por un arrepentimiento místico y
armonioso.
Pero no todo es feo y de bajo color, también tiene sus
leyendas buenas, sus momentos brillantes, su toque ideal a las cosas.
La sensación familiar florece cada minuto de lluvia y cada
hora de frío, el abismo a la soledad se hace pequeño y visible, y las amistades
se hacen más jugosas por las inclemencias climatológicas.
Todo es raso de sonido, pero con pureza de amor genial.
@manuecarrasco

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